1843 - Opinión

Dedicado al fortalecimiento de la Escuela de Planificación y Promoción Social, UNA.
La autognosis, o mejor dicho, el autoconocimiento-cuestionamiento de sí mismo (en su condición de sujeto u objeto) puede resultar un proceso que nos deje inermes y esto puede que no nos agrade mucho.

Por ello, ante cualquier postura dogmática es necesario ejercer la refutación de tesis: como condición de avance del saber científico.

El conocimiento no se reduce al conjunto acumulativo de observaciones, percepciones y datos, sino más bien trasciende al establecimiento de problemáticas.

La idea general que cabe plantearse en este artículo subyace de confrontar enfoques teóricos, metodológicos y experiencias en torno a la fundamentación de la planificación como una disciplina científica.

La constitución de un objeto científico independiente se origina ante la definición de postulados teóricos, metodológicos y prácticas (en constante revisión) propias de este. Entonces, ¿cabría aquí preguntarse sobre el carácter científico o no de la planificación? Ya que se podría instar que la planificación, ¿es una construcción de la sociología? ¿Es parte del proceso de la administración?¿Es una especialización de la economía? ¿O es una aplicación de la ciencia política?

Las interrogantes anteriores nos llevan a la discusión sobre cómo puede ser válido un objeto de estudio para la definición de una disciplina científica, si hoy  se plantean campos objetales trans e interdisciplinarios. ¿Valdrá la pena debatir sobre esto, o seguiremos creyendo que la planificación se reduce al “yo planifico, tú planificas”?

El ser en su afán de encontrarle sentido a su vida, realiza la construcción de proyectos desde la colectividad para configurar una identidad que le permita afirmar y valorar la esencia de esta. Como tal, la planificación resulta un proyecto estructuralizador de sentidos que desembocan en la producción y organización estructurante de la vida, mediante la práctica de relaciones sociales, económicas, históricas, etcétera.

Estas relaciones procedentes de aquella estructuración de la vida fungen como requerimientos para definir dos sistemas de planificación: (1) inmanente: por medio de las situaciones que se orientan a la intervención, y, (2) trascendente: por medio del razonamiento a priori que establece la prevención.  Con estos sistemas, se crean los espacios de concreción de aquellos sentidos colectivos en los que serán visibles las actividades humanas que direccionen el Estado o el Mercado.

Lo planteado hasta el momento representa una serie de nociones preliminares que puestas en una perspectiva más amplia, pertenecen al esfuerzo iniciado de una investigación sistemática y reflexiva sobre el carácter científico de la planificación, misma que consideramos asequible a través de la concepción filosófica. En fin, los pasos en la Tierra necesitan ser clarificados, si se borran, se pierde el significado.

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